miércoles, 7 de noviembre de 2007

A la puerta del burdel.




Temo a Al y también a Madame Crémer y a Jimbo (aunque dudo que Jimbo exista, estoy segura de que sólo es una invención de Al para asustarnos), les tengo miedo porque voy por libre y no me pliego a la violencia de su celestinaje.
He acabado aquí, lejos del que siempre fue mi mundo, por una serie de acontecimientos trágicos e inesperados. He de venderme pero me niego a ser como ellas: altas, voluptuosas, taconudas… Seguiré siendo baja y rechoncha, continuaré sin maquilarme. Sé que las personificaciones del deseo son infinitas y que con mis zapatos planos y mi cara lavada les quito clientela, quizá por eso me hayan llamado. Ellas son lo que deben ser: yo creo mi propia demanda. «Nadie se encamará contigo», me dijo, mi primera noche, Deisi, una sudamericana recién salida de un cuadro de Rubens que apenas se vestía con un suetador y un culot. «Espera y verás», le contesté segura de mi misma. Entonces llegaron ellos: mis clientes para los que yo brillaba entre tanta mujer rotunda: «Tu insignificancia de rosa azul», así me lo dijo uno de los primeros al oído, «te convierte en la más bella porque, recuérdalo siempre, la belleza es tanto simetría como excepción. Nadie nunca negará la atracción por ellas», continuó señalándome a las chicas de Al por la ventana, «pero el amor, Rosa, es otra cosa»

Al y M. Crémer me han citado en su prostíbulo. Estoy ante la puerta y leo, besando cada sílaba el poema que hay grabado sobre el marco:



Per me si va nella cittá dolente
per me si va nell´etterno dolore
per me si va tra la perduta gente.

Giustizia mosse il mió alto fattore
fecemi la divina potestate
la somma sapienza e il primo amore.

Dinanzi a me non fur cose create
se non etterne, ed io etterna duro
lasciate ogni sperenza voi che entrete.



Llamo. La puerta se abre. ¿Qué será, será?


1 comentario:

Al Swearengen dijo...

Me gusta la variedad, y aquí siempre serás bien recibida, pues en el fondo estás en el origen de nuestro prostíbulo. Recuerda, eso sí, a quién le tienes que dar el dinero al terminar.
Bienvenida a los brazos de Tío Al, que te quiere.